Capítulo 3: El principio de exclusión y las chicas de rosa

Me llamo Luna Martínez Gallardo, soy española y tengo 20 años. A mis padres les hacía mucha ilusión que acabara la carrera en el extranjero para así aprender un inglés fluido. Pero ellos no me podían mandar a Inglaterra, ni a un país de esos del noroeste de Europa. Nooo, ellos tenían que mandarme a Japón. Sí, sí, a Japón. Más concretamente, a la UMI, es decir, la Universidad Multicultural Ito. Y usted se preguntará: “¿multicultural?” Ya ves, las cosas que sacan. El caso es que la UMI es una universidad muy prestigiosa, con un gran campus y todas esas cosas, y mis padres, a pesar de que yo les insistí que no hacía falta, hicieron un esfuerzo económico y me enviaron acá. Y bueno, aquí estoy, en unas residencias del campus, compartiendo piso con… ―suspiré― Dios, nunca pensé que me toparía con alguien como él.
― Eh, tú. ― dijo bordamente y yo pegué tal bote que casi me atraganto con la espuma. ― ¡¿Cuánto tiempo piensas llevarte ahí dentro?!
― ¡Egtoy lagandome log denteg!
― Joder, se te van a desgastar como te lleves más rato.
Escupí en el lavabo y me enjuagué la boca.
― ¡Venga ya, joder!
― ¡Que sí, que sí! ― vaya la que me ha caído encima. No sé cómo voy a aguantarlo.
― ¡Me voy! O llegaré tarde. ― masculló al final y después del portazo de la puerta principal se hizo el silencio.
Suspiré.
Empecé a peinarme.
**********
Tras asistir a las primeras clases, lo primero que se me pasó por la cabeza fue que se nota el dinero. El campus era enorme y precioso, al igual que los edificios. Tan grande… que no encuentro la cafetería.
― Disculpa, ¿sabéis donde está la cafetería? ― le pregunté a un grupito de tres chicas, con unas pintas un tanto pijas, lo que me hizo dudar al principio si preguntar o no.
Ohlalá! ¿Eres de primer curso?
¿«Ohlalá»? Ay, Dios, no debí haberles preguntado.
― Em… sí, soy nueva. ― y por alguna razón soltaron unas risitas.
― Ven, que te acompañamos.
Ay, mi madre.
De camino a la cafetería se me ocurrió que a lo mejor no era tan malo, así conseguiría amistades, lo cual, teniendo en cuenta que me llevaría en Japón al menos dos años, era algo bueno, ¿no? Podría haber sido peor ― seguí pensando, intentando autotranquilizarme y convencerme ― podrían haberme escupido, o ignorado, y seguiría perdida en el enorme campus.
Por fin llegamos a la cafetería y nos sentamos juntas en una mesa.
― Gracias por acompañarme, pero no hace falta que comáis conmigo.
Volvieron a reírse. Esto empezaba a desconcertarme.
― Da igual, chica. Mira, yo soy Monique ― empezó a decir la chica del “Ohlalá”, una chica morena y con acento francés. ―, ella, Griselle, ― señaló a la chica rubia ― y ella, Hinamori. ― y señaló a una chica de aspecto japonés, que se inclinó levemente. ― ¿Vamos a por la comida, no?
La cafetería resultó ser una especie de autoservicio, con sus bandejas y filas para apartarte lo que quisieras de entre una pequeña variedad de comidas. Cogí un plato de patatas con carne y un yogourt. De camino al mostrador me percaté de que mi “inestimable compañero de piso” acaba de pagar por una ensalada y una tarta de manzana y se dirigía hacia una solitaria mesa.
― Qué bicho raro. ― oí decir a Griselle a mi lado.
¿Bicho raro? Sí, la verdad es que un poco sí, pero yo lo definiría más como… saborí’o.
Nos sentamos de nuevo en la mesa. Las chicas empezaron a charlar. Yo intervenía de vez en cuando en la conversación, pero me dediqué más a observarlas. Por lo que saqué de lo que vi y oí, Griselle parecía ser americana, de familia de clase media-alta. Era rubia, delgada y con una forma de hablar y de moverse altanera y atrevida. Monique parecía cortada por el mismo patrón: pijas y orgullosas, con la diferencia de que era francesa, lo cual me quedó claro por su acento y su… nariz. Por otro lado estaba Hinamori: japonesa, bajita, pálida, con el pelo negro y, por lo que pude ver y supongo que condicionado por lo primero, era más humilde y afable que sus otras dos compañeras.
Y también estaba él. «Qué bicho raro». No podía quitarme eso de la cabeza. Sí, realmente era raro. Miré hacia su mesa, donde estaba únicamente él, con ese aire extraño: frío, solitario y pensativo.
Mis miradas no pasaron desapercibidas por mis nuevas amistades.
― Tienes que tener cuidado con ese tío. ― dijo de repente Monique.
¿Cuidado? ¿Por qué? Hombre, no tiene muy buenas pintas pero…
― Mejor aún, intenta alejarte todo lo posible de él. ― continuó Griselle.
Realmente no entendía nada. Miré de nuevo hacia su mesa.
― Pues va a ser difícil porque es mi compañero de piso.
Supongo que no hace falta decir su reacción a dicha información.

2 comentarios:

Randt dijo...

Pues aquí está el capítulo prometido. ^^
Espero que os guste >_<

Anarkandyta ^-^ dijo...

Ohh q guayy!! *o* Sigue escribiendo sigue escribiendo >-< Ahora no podré dormir con la incertidumbre de saber qué pasará juxx
Está muy chulap q lo sepas y nada me tendré que conformar y esperar ansiosa el siguiente capítulo xD
Un kisusillo!! ^3^ Aiop! ^-^